EL COMPOST SE CONVIERTE EN UNA GRAN ALTERNATIVA

Actualizado: abr 2

El #compost o #compostaje es una práctica conocida por los agricultores que desde hace años, la usaban para el manejo de los residuos orgánicos producto de la cosecha. Pero también, para contribuir a la recuperación de las propiedades productivas del suelo en la producción de alimentos. Hoy, cuenta con muchos seguidores en el mundo, por la posibilidad que brinda esta técnica, para realizar de manera práctica el #reciclaje de los residuos orgánicos que se generan diariamente en el hogar.


La clave esta en compostar

El manejo de los residuos orgánicos constituye hoy día un desafío para los países. Es un tema que paulatinamente va tomando importancia, y por su etapa temprana, ha carecido de rigurosidad por parte de las instituciones públicas y por ende, de importancia para sus habitantes. Conllevado a la proliferación de graves consecuencias para la salud pública desde hace mucho tiempo.


Como consecuencia del desinterés social y el desconocimiento técnico por parte de los gobiernos, el manejo inadecuado de los #residuosorgánicos se ha transformado en la “mezcla perfecta” para la propagación de vectores contaminantes (roedores, insectos, olores, etc.) y que generalmente identifiquemos a los residuos orgánicos con la “basura”.


La expansión de enfermedades por el inadecuado manejo de los residuos orgánicos conllevo a que por primera vez, la sociedad prestase atención al manejo de la llamada “basura”. Desde el comienzo, como solución pronta al problema, se estableció que la medida más eficaz era realizar el traslado de los residuos orgánicos a los sectores perimetrales de los centros urbanos, aunque sin contemplar posibles externalidades del proceso o los daños que esto podría acarrear.


De esta manera, los residuos orgánicos que generan las ciudades fruto de su actividad económica, se concibe como un tema prioritario que debe ser atendido. Sin embargo los procedimientos indicados para su tratamiento, eran recientes en Latinoamérica, no ocupaba un lugar importante en las agendas de los gobiernos y carecían de responsable alguno.

Para la década de los 70 se vislumbraban algunos procesos académicos de iniciativa privada y extranjera, que propendían por establecer algunos métodos técnicos sobre la gestión de residuos, pero era una profesión desconocida y para gran parte de la sociedad, era intrascendente profesionalmente, ya que el aprovechamiento de residuos a través del reciclaje, solo era valioso para unos pocos.


En específico, en la ciudad de #Bogotá para los años 80, empezó a formular sus primeros pasos en las políticas y procedimientos en la manejo de residuos. Aunque su respuesta se hizo sobre la marcha y no se aseguraba la realización de un tratamiento diferenciado por parte del operador del servicio de aseo, los inconvenientes no se hicieron esperar y determinaron un fracaso a corto plazo.


Con la constitución del primer botadero a cielo abierto, la ciudad iniciaba esta importante tarea. Le otorgarían el mando de esta operación a un particular, al que se le aseguro el acompañamiento institucional por parte de la institución encargada del tema ambiental. A pesar de las buenas intenciones institucionales y del operador, el desconocimiento técnico en el tema y la poca preparación, condujeron nuevamente a mayores impactos sociales y ambientales en los recursos naturales de los sectores cercanos. Es decir “la cura resulto peor que la enfermedad”.


Para el año de 1983, los procedimientos establecidos para la época en el botadero El cortijo (loc. de Engativá) y Gibraltar (loc. de Kennedy)se salieron de control y provocaron una emergencia ambiental. La concentración de gases y el inadecuado manejo de lixiviados fueron las causas de su cierre definitivo. El botadero se constituyó en un foco de contaminación directo para las fuentes de agua, un impacto negativo en el suelo, acumulación de malos olores, etc. Que desato las quejas de habitantes y transeúntes del lugar. Para ese año eran dispuestas 2 toneladas por día.


La urgencia de reubicar el botadero y la imperiosa necesidad de replantear los procesos que regían el tratamiento de las “basuras” en la ciudad no daban espera. La cantidad de residuos orgánicos producidos cada día no paraba, pero los antecedentes previos, no incentivaron a que las instituciones ambientales formularan un nuevo escenario para la gestión de los residuos sólidos y orgánicos en el distrito capital.


Como medida de acción ante esta problemática, se toma la decisión de trasladar la disposición de los residuos orgánicos a las afueras del casco urbano. En el año de 1989, la apertura del nuevo botadero esta vez denominado Relleno Sanitario Doña Juana (loc. de Usme), inicio con la adecuación del terreno para que ingresaran los vehículos, unos “filtros para captar los lixiviados y una veleta para el control de olores”pero es de resaltar que aún no se pensaba en los impactos ambientales de su operación como por ejemplo a las fuentes de agua, específicamente para el rio Tunjuelito, principal fuente de agua cercana.


Por ende, no contemplar el manejo de lixiviados que generan los residuos orgánicos en su proceso natural de descomposición, sumado a la concentración y liberación continua de Gases Efecto Invernadero - GEI, fueron variables que nuevamente, no se contemplaron por las partes responsables en ese momento. Y aun hoy en día, no se atienden de manera adecuada y que se han constituido en factores principales de un problema global con incidencia local, conocido como el cambio climático (+).


Este escenario de improvisación técnica en la gestión de los residuos orgánicos, a través del modelo de “disposición sin tratamiento de basuras”, proporciono un antecedente para las administraciones de la ciudad. Mejorar los procesos y el fomento de esfuerzos institucionales por la promoción de la adecuada separación en la fuente desde el hogar, con el interés de contribuir a disminuir los volúmenes de residuos que ingresan al Relleno Sanitario Doña Juana. Pero a pesar de ello, la respuesta ciudadana no es la esperada. Para el año 2019, se registraron oficialmente más de 6.000 toneladas al día, según el informe 2017 de disposición final de residuos sólidos.


A raíz de este contexto, se hizo necesario abordar la gestión de los residuos orgánicos como una problemática común. Se plantea un enfoque más participativo que invite a la ciudadanía a jugar un rol activo y más determinante. Las estrategias pedagógicas institucionales, las organizaciones no gubernamentales comienzan a tomar un papel importante en la disminución de los residuos que producimos diariamente (sólidos y orgánicos). Todo dirigido a generar conciencia sobre los beneficios de la separación en la fuente.


Se inicia un proceso pedagógico que se viralizó como las 3R, mediante la cual, se generalizaron unas criterios importantes a la hora de hacer nuestro consumo y posconsumo diario dirigido a todos aquellos que desean incluir un enfoque de respeto y sostenibilidad ambiental a la relación ciudad y la naturaleza.


Este objetivo común, de hacer un llamado por desarrollar acciones conjuntas que conlleven a proteger el planeta, centro la atención en realizar un viraje en el modelo lineal de producción hacia el aprovechamiento de residuos. Según las cifras oficiales, el porcentaje de reciclaje en el país se encuentra en un 17% (incluyendo sólidos y orgánicos) es decir, que socialmente no se logra interiorizar la necesidad de hacer una separación en la fuente y peor aún, no toma relevancia el desarrollo de una economía circular en el país.


Esta tendencia ha conllevado a trasladar indirectamente la mayor carga de la protección ambiental del sector gubernamental al sector productivo de la economía, apelando al argumento de la obtención de incentivos tributarios por una desarrollar una adecuada responsabilidad ambiental empresarial. Realizar mayores esfuerzos desde lo particular para que juntos logremos disminuir los impactos al planeta.


Las acciones adelantadas por la sociedad civil demuestran que la solución es una construcción colectiva, pero no se debe dejar de lado un factor importante, el compromiso de cada uno. No se desconocen, los valiosos insumos como el ODS 13, para permanecer con el objetivo claro de lograr un mejor planeta y más aún, para desarrollar acciones que prioricen estrategias más integrales para lograr una adecuada gestión de los residuos. Pero aún falta mucho camino por avanzar.


Es así como el fomento de la técnica del compost o compostaje en muchos países, se ha constituido en una gran opción para el sector económico, para la gestión de sus residuos e incentivar su reincorporación en el ciclo productivo. Los beneficios económicos, ambientales y sociales la respaldan como una excelente opción de bajo costo y practica para ser implementada en la gestión de residuos, con excelente resultados para el hogar o en la actividad económica. Respaldado nivel mundial por la ONU y la FAO.


Aunque de pronto se conciba que su correcto desarrollo demande conocimientos técnicos o que solo es posible mediante procesos industriales, es una alternativa que hoy día también se puede desarrollar en el hogar. Pero a pesar de que es una técnica sencilla, es de aclarar que nuestro primer intento puede que no vaya a resultar como lo evidenciemos en los manuales o en tutoriales, pero es un proceso que con la práctica diaria podremos compartir con nuestros familiares, es como todo, “la practica puede hacer al maestro”.


Por último, es inminente recordar la necesidad de desarrollar acciones con enfoque integral en la gestión de los residuos que producimos diariamente. Contribuir diariamente a un mejor planeta, desde el hogar o desde la empresa no representa que no se deba producir residuos por el contrario, significa pensar por un momento, en la pregunta ¿Adónde irán a parar?

Como conclusión, debemos resaltar que es fundamental comprometernos con nuestros residuos orgánicos y su adecuada disposición final, tener presente que pueden convertirse en un gran factor de contaminación y por ello, incrementar los efectos del cambio climático. Teniendo esto de presente podremos disminuir su altísimo impacto social y ambiental en nuestros recursos naturales.


Finalmente, hacer un llamado que promueva la búsqueda y confianza en el emprendimiento que diariamente trabajan por consolidar nuevas alternativas que nos facilitan la tarea de ser más responsables con nuestros residuos diarios. Solo se requiere compromiso y tomar la decisión de hacerlas parte de nuestros hábitos.




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